1.” Cuando los gatos sueñan, adoptan actitudes augustas de esfinges reclinadas contra la soledad, y parecen dormidos con un sueño sin fin; mágicas chispas brotan de sus ancas mullidas y partículas de oro como una fina arena vagamente tachonan sus místicas pupilas” (Baudelaire)
2.“Se le reprocha al gato su gusto por estar a sus anchas, su predilección por los muebles más mullidos donde descansar o jugar: igual que a los hombres. De acechar a los enemigos más débiles para comérselos: igual que los hombres…De ser reacio a todas las obligaciones: igual que los hombres una vez más”. (Jean Baptiste Say)
No se exceda innecesariamente. Si el niño se pone pesado, no hace falta inocularle Bromuro de pancuronio para conseguirle un encuentro con el hermanastro de Tánatos. Facilítele El Gato de la biblioteca, soporífero libro ilustrado por Goroh Tabata, que puso imágenes a la tediosa historia concebida por Kenji Miyakawa, consistente en el devenir de un gato verdoso que leía mucho y que descubre un día que existe un mundo exterior, que por supuesto querrá divisar (parece importarle un bledo que Kant criticase la razón práctica y la pura sin salir de Kaliningrado), para lo cual se sube a una furgoneta, abandonando a su familia gatuna. Conocerá a un simpático dueño que posee una editorial y que le alimenta con unas extraña comida multicolor que se asemeja a las recetas y remedios de Willy Boet. Luego se deja entrever que monta una cuadrilla félida y que tiene la oportunidad de viajar por el mundo con el afable Empresario del Libro. Conclusión: un poderoso narcótico con que contener a los galopines indómitos.
Goroh Tabata (1954) nació en Nagasaki, en 1954. Dirige desde finales de los ochenta un taller de “kirie”, variedad del arte japonés del papel, legado cultural del período Heian. Consiste en recortar siluetas y posteriormente yuxtaponer en el espacio vacío papel de colores, como el washi. Esta es la técnica empleada por Tabata en El Gato.

Antológico.